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La ciencia explica qué le pasa a tu cerebro al ver futbol

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    Revista Transversal
  • hace 2 días
  • 2 min de lectura
La ciencia explica qué le pasa a tu cerebro al ver futbol

El circuito de recompensa controla tu pasión por el juego


No hay duda de que el futbol conecta con un cúmulo de emociones que son liberadas a lo largo de los 90 minutos del juego. El aficionado puede pasar de la felicidad a la tristeza, o de la angustia a la ilusión en un instante. Sin embargo, ¿qué ocurre exactamente en nuestro cerebro al ver futbol? ¿Por qué la derrota nos cuesta tanto procesarla y la euforia de la victoria es tan efímera?


Para explicar estos fenómenos, Víctor Manuel Rodríguez Molina, especialista del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina, compartió los motivos biológicos por los cuales el balompié se convierte en un desfogue de sentimientos.


La química de la pasión y el cerebro primitivo


De acuerdo con el especialista, los seres humanos poseemos un circuito de recompensa que se alimenta de experiencias placenteras. En el balompié, este circuito se nutre cuando nuestro equipo gana, liberando sustancias químicas que producen placer, como las endorfinas. Sin embargo, ante un penal en contra o una derrota, este circuito decae drásticamente.


Durante un evento deportivo, el cerebro experimenta una "desconexión" de la corteza prefrontal —la zona encargada del razonamiento y la toma de decisiones— para dar paso al "cerebro primitivo". Es la amígdala, una estructura que funciona puramente a través de las emociones, la que toma el control del comportamiento.


  • Terreno permitido: Al ver deportes, el ámbito racional se reduce. Gritar, llorar o enojarse es socialmente aceptado en este contexto, lo que intensifica la experiencia.

  • Emoción colectiva: Incluso a las personas que no les agrada este deporte terminan contagiándose de la energía y la adrenalina del entorno.


Cuando la frustración se transforma en violencia


Aunque el balompié genera momentos positivos, las sensaciones negativas también pueden desbordarse. Al ser cuestionado sobre los brotes de violencia en estadios o los ataques hacia objetos y pantallas en los hogares, el docente manifestó que la frustración extrema puede provocar que se pierda la razón.


La combinación de impotencia, tristeza e ira puede desembocar en agresiones si los sentimientos negativos dominan el comportamiento. Normalmente, el lóbulo frontal actúa como un freno inhibitorio; cuando este filtro falla y surge la agresión hacia terceros, se entra en un escenario patológico que expresa una falta total de control.


¿Por qué la derrota duele más de lo que la victoria alegra?


Para el fanático, celebrar un triunfo suele ser algo pasajero, mientras que asimilar que se ha perdido puede tomar días. Rodríguez Molina señala que esto ocurre porque depositamos altas expectativas en el club de nuestros amores.


La derrota nos confronta con una pérdida personal y una ruptura de la ilusión. No obstante, el experto aclaró que cuando un resultado deportivo detona crisis emocionales severas o depresión prolongada, generalmente existen antecedentes patológicos importantes en el individuo, donde el partido funciona únicamente como el detonante final.

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