¿Morimos de viejos o de estrés?


Expertos de la UNAM analizan la longevidad y el estrés crónico
Partiendo del histórico caso de Jeanne Louise Calment, quien vivió 122 años y 164 días en Arlés, Francia, el debate sobre los límites biológicos de la longevidad humana ha tomado un nuevo giro. Una reciente consulta a herramientas de inteligencia artificial y la posterior validación académica señalan que el control del estrés emocional crónico es la clave para alcanzar edades cercanas a los 140 años.
Gabriel Gutiérrez Ospina, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), confirmó que la hipótesis planteada por la tecnología coincide con los principios biológicos de la neurociencia moderna.
"La longevidad en el ser humano no ha cambiado de manera sustancial a lo largo de la filogenia humana; desde que somos Homo sapiens tenemos el potencial biológico de vivir muchos años bajo condiciones adecuadas de cuidado físico, mental y social", explicó el académico de la UNAM, Gabriel Gutiérrez Ospina.
Neurociencia del estrés, domesticación y bienestar integral
A diferencia del estrés agudo de supervivencia, la presión emocional sostenida derivada de complacer a otros, reprimir el malestar o fingir bienestar provoca un aumento persistente del cortisol. Esta elevación constante acelera el envejecimiento celular, detonando respuestas inflamatorias y procesos autoinmunes que deterioran la salud integral.
Síndrome de domesticación y sedentarismo
El investigador precisó que el paso de sociedades nómadas a asentamientos agrícolas generó un "síndrome de domesticación" en los seres humanos. Este cambio redujo la movilidad física y la diversidad nutricional, sustituyendo la descarga física de tensiones por el hacinamiento y la rumiación constante de pensamientos en espacios cerrados.
Equilibrio mental y calma corporal
El análisis concluye que alcanzar la longevidad no depende únicamente de rutinas extenuantes, sino de una felicidad entendida como amor propio y armonía con el entorno. Un cuerpo en calma, apoyado en el descanso adecuado y la liberación de presiones sociales, permite minimizar el desgaste metabólico para aproximarse al límite biológico de la especie.




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